Por mi casa pasa la misma jauría de perros todas las noches. Al verme, los perros me ladraban y me intentaban morder. A mi me daba mucho miedo, por eso siempre me escondía en mi cuarto por las noches. Un día me sentí pendejo y decidí hacerle frente a los perros. Cogí el palo más grande que encontré, lo escondí por la grama por si querían morderme y me senté en la acera a esperarlos. Pero cuando pasaron, los perros me sonrieron y me dieron las buenas noches. Eso me dio más miedo todavía, pues los perros no hablan. Desde entonces, cada vez que pasan, los miro desde la ventana y nos intercambiamos sonrisas. Y cada vez más me voy dando cuenta de que todos esos perros se parecen a mi. Tienen mi cara.
Desperté bañado en sudor y sintiendo un profundo odio hacia los punk rockers. Cosa que no me explicaba, ya que desde hacía una semana había estado frecuentando una barra donde janguiaban los punk rockers. Conocía chicas distintas todos las noches y corroboraba lo que un amigo algún día me diría, las punk rockers te hacen un sexo de maravilla. Porque así son ellas, te hacen el sexo con una furia tan brutal que a veces me recuerda el tono de la distorsión desentonada de las guitarras de los Sex Pistols. Es algo fantástico, algunas quieren que les escupas la cara, que le aprietes el cuello hasta casi asfixiarlas o que le intentes arrancar la pantalla que tienen en el clítoris con los dientes. Es algo extrañísimo. Te lo maman como si fuera el fin del mundo y tu bicho sea el último pedazo de carne. Es algo brutal. Y más aún que se me hiciera tan fácil conseguir chicas punk rockers todas las noches. Claro, no quiero pensar que son fáciles, como me había dicho mi amigo. Me gusta más pensar que es la barba, que las vuelve locas, o la boinita esa que nunca me quito. Quizás es que publiqué un libro y las punk rockers se quieren tirar a los tipos que publican libros. No lo sé, pero yo sigo aprovechándome de la situación. Amanecer todos los días con tipas con el pelo violeta, azul e incluso sin pelo, añadía un poco de diversidad al hastío de mis días.
Pero esa mañana, la primera en una semana que no amanecía con una punk rocker, sentí asco hacia mi persona y sentí un profundo odio hacia toda la cultura punk. Me metí a bañar restregando mi cuerpo con fuerzas, queriéndome sacar todo el sudor que se acumula cuando se tiene sexo. Porque tener mucho sexo y no bañarse puede tener consecuencias nefastas. Porque si no se toman las medidas necesarias, el olor siempre queda ahí y lo que yo tenía en ese momento era un collage de olores y sudores ajenos como llenos de furia, porque esas nenas son furiosas, se le nota cuando te empiezan a quitar el pantalón con la boca, e incluso, en algunas ocasiones, lo puedes notar en el color de pezones. Lo más raro de todo es que toda esa furia se condensa en su sexo, y las embestidas son tales, que te quisieran partir el bicho, para luego masticarlo y guindárselo del cuello. Las nenas punk son terribles.
Pero esa mañana yo desperté solo, bañado en sudor y odiándolos. Quería buscar problemas con ellos y quería que ellos tuvieran problemas conmigo. Escupirlos en la cara y decirles que el punk solo era una moda, que Los Ramones apestaban y que los mohawks ya estaban passé. Eso mismo haría, toda esa furia que tenía por dentro, todo ese odio que sentía esa mañana, solo se iría si le rompía la cara a uno o dos.
Lo primero que hice ese día fue llamar a la nena de pelo violeta que me había tirado hacía varios días. Le dije que estaba bien bellaco, que viniera pa’ mi casa y después nos íbamos juntos para la barra de los punkos. Cuando ella llegó a mi casa, tenía una camisa de los Misfits envuelta en papel de regalo para mí. Le di las gracias, la llevé a mi cuarto y me desvistió, porque así son ellas, siempre toman la iniciativa. Al terminar yo no me podía mover. Ella puso música en lo que me reponía y ahí el sentimiento de odio fue en crechendo. Me levanté de un salto, la agarré por la cabeza y le metí contra el filo de la puerta. Un solo golpe bastó para que el lado derecho de su cara estuviera a la par con su pelo, violeta. Ella tirada en el piso de mi cuarto, sangrante, inconsciente y yo con ganas de hacerla explotar en mil pedazos. Busqué una silla en el comedor, la levanté en brazos y la dejé allí amarrada. Me ponía mi nueva camisa de los Misfits para salir a la barra cuando el morbo en mi despertó. Soy un sucio, no cabe la más menor duda. Cuando era pequeño y jugaba al pijama party con las barbies de mi hermana y mis ninja turtles, y le quitaba la ropa a todas las muñecas y ponía a las tortugas encima de ellas, y mi madre que entra al cuarto y me da un bofetón y me grita, Juanluís, no seas sucio, me di cuenta de mi naturaleza.
El violeta de su pelo me excitaba y ahora más que hacía juego con rostro deshecho. Le quité la camisa, el brassier, e intenté ponerle los pezones del color de su pelo y de su cara. Fue difícil ponerlos del mismo tono, pero lo logré, busqué mi cámara, le tiré varias fotos y salí de allí riéndome.
Llegué a la barra y allí estaban todos ellos. Todos con sus camisas de bandas, todos con sus skinny jeans, todos con mohawks y todos fumando Malboros light mentol. Me acerqué a ellos, me les uní, compré una cerveza y fumé un cigarrillo. Uno de ellos se me acerca a hablarme de los Misfits y yo no sé que son los Misfits, solo sé que tengo una camisa y que en Hallowen siempre le hacen un tributo. El tipo me pide un cigarrillo, le digo que claro, que como no y busco en mi bolsillo. Se lo doy, el tipo se lo pone en la boca y me pide lighter. Es ahí cuando tiro el primer golpe, justo a la mandíbula. El tipo cae al suelo. Se me acercan otros seis, preguntan que cual es el problema, que qué carajo había pasao, les digo que el punk es una mierda y mes les cago en la madre a cada uno de ellos. Se ponen bravos, empiezan a golpearme entre todos. Logro derribar a dos o tres, pero son muchos y vienen más en camino. Alguien les ordena que dejen de golpearme. Yo, en el suelo, miro al tipo y veo que tiene un doble mohawk y pienso que debe de ser una especia de líder, el rey del rebaño, el punk más punk de los punk o el más ridículo de todos. Pero todos le obedecen y dejan de golpearme. Yo me pongo de pie con mucha dificultad y me encuentro en medio de un círculo con el tipo del doble mohawk. Me dice que me vaya pal carajo de allí y que no volviera nunca. Tambaleándome y botando chorros de sangre por la nariz, le digo que se vaya él pal carajo, intento lanzarle un puño y caigo al suelo. Doble mohawk saca una manopla y todos los que nos rodean, sacan cuchillos, cadenas y más manoplas. Casi arrastrándome me voy de todo eso y llego a mi casa.
La tipa del pelo violeta, sigue amarrada, pero ya está consciente. Y al verme, se le dibuja una sonrisa en la cara. Me encantas como te ves, cabrón, me dice, a la misma vez que abre las piernas y me lanza una mirada digna de una punk rocker.
(pertenece a la colección de cuentos inédita llamada RUDO)
miércoles, 10 de marzo de 2010
Cuando la película terminó, no me quedó más remedio que echarme a llorar en una esquina. Me tranquilizé un poco, tomé un vaso de agua fría y fumé el último cigarrillo que quedaba en la cajetilla. Salí al balcón, jugué con el perro, miré los árboles de atrás de la casa y entonces fue cuando me sentí listo. Volví a la cama, me acosté en la misma posición y la puse otra vez. Pero al terminar lloré con mucha más intensidad que la primera vez. Me metí a la ducha y seguí llorando, me tomé un té de naranjo y seguí llorando, intenté tomar una siesta pero seguí llorando. Lloré hasta que se me secaron las lágrimas, hasta que estuve seguro que no lloraría más. Entonces, puse la película nuevamente. Pero al terminar, lloré de nuevo.
El pasado jueves 25 de febrero, en la librería Mágica, Carlos Esteban Cana presentó mi libro Reyerta TV. La presentación estuvo acompañada de un video dirigido por Orlando Torres. Nada. Gracias a los que fueron. Gracias a los que han comprado el libro. Aquí les dejo ambas cosas: presentación y video.
De todos los libros de cuentos publicados en Puerto Rico durante el 2009 (año que se caracterizó porque, entre otras cosas, nuevos nombres accedieron al panorama narrativo-literario del país), Reyerta TV fue, a mi entender, el libro de cuentos más completo. Tanto por ingenio, como por creatividad, de igual manera por el corpus orgánico que representa en sí mismo un buen libro de cuentos, Reyerta TV, se impuso sobre títulos de gran valía como La casa en el agua, de Jacqueline Rivera o Historias para morderte los labios de Yolanda Arroyo.
Quien les habla es un lector empedernido, dado que desde 1991 vivo casi cotidianamente sumergido en la delicia de leer cuentos. Entre talleres de escritura creativa, la tarea auto-impuesta de leer narrativa -nacional como internacional- los años con Taller Literario y mi desempeño como periodista cultural ad honorem puedo compartir con ustedes algunas impresiones sobre el primer libro de Juan Luis Ramos, título que además obtuvo la distinción de Primer Finalista en el Certamen de Cuento de la Universidad de Puerto Rico en el 2008.
Reyerta TV comienza con un atinado epígrafe de Roberto Bolaño que dice: “Errancia sí, peleas callejeras, muertes horribles en el callejón, la dosis de sexo que los tiempos reclaman, obscenidades y procacidades, algún crepúsculo en el Japón, no en la tierra nuestra, infierno y caos, infierno y caos, infierno y caos”. Cierro cita. De esta manera, el lector inicia su pasaje en Reyerta TV mediante un control remoto reflexivo que permite acceder a la oferta de su programación.
Como si se tratara de la pieza introductoria del Sargento Pimienta y la banda de corazones solitarios, Reyerta TV, al igual que el clásico de los beatles, comienza con el título homónimo. El cuento Reyerta TV es una síntesis de lo que encontrará el lector en el centenar de páginas siguientes. Así dice el chico que narra esa historia: …y descubrimos Reyerta TV. Era un canal como hecho a mi medida. Siempre estaban pasando lo que yo quería ver. Pareciera que, de alguna manera, mi mente estaba conectada con ese canal. Mis mayores fantasías, mis más grandes miedos, mis ilusiones, mis sueños, mis odios, todo era presentado a color en Reyerta TV”, cierro cita.
Por lo anterior, echamos entonces un vistazo a las diferentes producciones –los cuentos- que integran la programación de Reyerta TV. Imaginemos que esa primera pieza, a primera hora en el prime time, es La confesión de Sor Josefa de todos los santos, un cuento que hace referencia a personajes vinculados a la última película que realizó “una de las casas pornográficas más famosas y prestigiosas de los años sesenta, The Rain Porn Studio”. Inmediatamente después tenemos la encrucijada del luchador Barón Tinieblas Jr. cuando su máscara y su identidad están en juego. A continuación, como si fuera transmitida en una misma noche, Reyerta TV pasaría la temporada completa, integrada por cuatro episodios, de la exitosa serie Gin & Tonic, que se ocupa de las peripecias de un detective retirado al que conoceremos con el nombre de Salvador de Jesús y su otrora archienemigo, el cubanísimo Manny “El Gancho” Robaina. Claro está, para alimentar la permanencia de la audiencia y maximizar la venta de pautas publicitarias, los directivos de Reyerta TV decidieron que las cuatro partes de la saga Gin & Tonic serían transmitidas de forma alternada con producciones narrativas de gran interés como Batida de amor, que incluye efectos especiales onomatopéyicos. Cuatro, que entre diversas tesis en torno al mencionado dígito se pone de relieve la búsqueda humana de la siempre escurridiza perfección. Un chin de sal nos adentra en los encantos culinarios de una nueva chef en el barrio, doña Rosa. Out!, por su parte, recrea una intensa novena entrada del famoso partido decisivo, por la medalla de oro, en el Torneo Mundial de Béisbol. En temas igualmente intensos, pero de otra índole, Casa del Señor, sumerge sin piedad al televidente hacia los recónditos linderos de “la obra arquitectónica más grande y más importante de todo el país” los dieciocho pisos dedicados a la Gran Causa del Señor. Y como si lo anterior en variedad televisiva no fuera suficiente, casi asistimos en Don Domingo a un reality show en la vida de un verdadero fanático del Acróbata de Puerto Rico, el eterno Campeón Universal, Carlitos Colón. Después de toda esta oferta que se despliega en ese centenar de páginas, el lector se topa con lo que el propio autor nombra comoficción aparte. Aquí, de nuevo me asalta la comparación con el line-updel Sargento Pimienta, y como si se tratara de ese cierre excepcional que es A day in the life en el mencionado álbum, Reyerta TV culmina su oferta con Boletín de última hora, un boletín que sin duda retrata los sucesos cotidianos a los que cada uno de nosotros está expuesto en el Puerto Rico de nuestros días.
Reyerta TV es una colección de cuentos en el que su autor asume un tono lúdico en el lenguaje coloquial con que se construye cada uno de estos programas que integran su oferta televisiva. Una señal nítida, sin estridencia de ninguna clase. Aquí nada suena artificioso ni excesivo, es decir, adornado en demasía. Estos cuentos destilan cierta reminiscencia a Jorge Luis Borges. En los personajes que habitan el universo de Gin & Tonic veo los ecos del detective que crearon Borges y Bioy Casares, el conocido Bustos Domecq. También Gin & Tonicsirve como acento o compás, ritmo orgánico del texto. Un latido intenso y necesario que da a la obra equilibrio, balance al corpus total y conceptual. También veo diálogo con el escritor argentino en el cuentoCuatro. Me atrevo a añadir que algunos cuentos narrados en primera personas parecen traídos a nuestros ojos por un joven que aún tiene el asombro de voz de un niño, con esa mirada esencial cercana a la inocencia que es fundamental y determinante en la obra de muchos escritores. Dos ejemplos de lo anterior son, sin duda, los cuentosBoletín de última hora y Reyerta TV que da título al libro.
En sus Seis paseos por los bosques narrativos Umberto Eco habla de un lector empírico que, en realidad, somos nosotros, ustedes, yo, cualquier otro cuando leemos un texto. Dice Eco: “El lector empírico puede leer de muchas maneras y no existe ninguna ley que le imponga cómo leer, porque a menudo usa el texto como un recipiente para sus propias pasiones, que pueden proceder del exterior del texto, o este mismo se las puede excitar de manera casual”. Cierro cita. Por lo anterior fue que quise ofrecer unos comentarios generales, en lugar de atiborrarlos con análisis de cada uno de los cuentos; cosa que suele suceder en este tipo de presentaciones. No deseaba usurparle a nadie el placer de experimentar por si mismo la cartelera que ofrece Reyerta TV, un medio que, por cierto, nunca se va del aire.
Finalizo, felicitando al Proyecto Editorial Agentes Catalíticos y su director, el poeta Samuel Medina, por la publicación de este libro. Agradezco, y esto no puede faltar, el privilegio que me otorga Juan Luis Ramos, Presidente Ejecutivo de Reyerta TV, por permitirme conversar con ustedes acerca de tan distinguida emisora. Pero no quiero terminar sin hacer una última acotación. Para el lector empírico que hay en mí, este libro fue lo más que disfruté dentro de la narrativa breve que se desarrolló en Puerto Rico durante el 2009, pero ojo, yo, que he leído otras piezas, otros cuentos, otras historias dispersas por este autor en el internet, les aseguro que aunque encabezó mi selección de libros de cuentos en el 2009, Reyerta TV no será lo mejor que ofrecerá en su trayectoria el escritor Juan Luis Ramos. Mis respetos para él. Muchas Gracias.
-Carlos Esteban Cana 25 de febrero de 2010, Librería Mágica
lunes, 1 de marzo de 2010
Hay mañanas que despierto sin peste en la boca, sin embargo hay otras en que el mal olor me paraliza, aún así gusto de pasar largos ratos con eso en la boca. Siempre bebo siete vasos de agua al día y seis de refresco. No me gusta los dulces, pero me encantan los bizcochos, con mucho frosty, pero que no sea de chocolate. Me gustan los cheetos, pero no los jumbos ni las bolitas, si no los regulares. Aveces no tengo chavos ni para coger el tren. Miro los video juegos nuevos, aunque se que no podré comprarlos. Siempre jangueo consiente de que no podré comprarme ni una cerveza. Cuando llueve odio que se me mojen las medias y que se me moje el ruedo del pantalón. No me gusta que me pregunten que qué me pasa. Siempre espero la llamada de Paola, se que no va a llegar ni que tiene que llegar, pero siempre la espero y siempre me siento mal, por esperarla y porque no llega. Odio mi libro. Odio mi computadora porque es lenta. Odio mi cuarto porque nunca se ve recogido. No estoy cómodo en mi casa. Odio el color azul de mi cuarto. Me gusta picar cosas con tijeras y pegarlas con pega. Últimamente estoy muy sensible. Últimamente me siento muy triste. Me gustan los pollitos y todos los días juego con el de mi hermanita. Al principio odié a Tani y dije que jamás sería mi hermana, ahora la quiero mucho y digo que tengo una hermana a la que le llevo 23 años. Cuando camino encima de piedras pienso que me voy a caer. Cuando Sergio se fue, me puse triste. Aveces despierto con unas ganas de fumar increíbles, como no tengo cigarrillos, me duermo nuevamente. Extraño las noches de terapia con Rubén. Extraño el yogurt con Paola. Extraño a Japón. Extraño tocar con Kelvin. Extraño tocar con Frao. Extaño jugar Street Fighter con Samuel. Extraño ir a la universidad y ver a Carlos y a Marcos y a Kritzia y Sharmyn. Me molesta que Pepa diga que ya no me entiende. Me gustaría saber de Carmen Noemí. Quiero ver otra vez Grind House en el cine. Quiero llegar de la escuela y comerme un paquete de galletas bimbo y sentarme a ver televisión con abuela Lú y abuelo Mingo. Siempre que puedo bajo un disco, el que sea, aunque no lo escuche. Acepto que no me gusta Silvio. Acepto que soy débil. Acepto que no me gusta el chocolate y que soy un llorón. Acepto que soy amigo de André Marcel y que no me molesta para nada que nunca se caye. Todos los años incluyo personas nuevas a mi círculo, el año pasado incluí a Chonchi y este a Kritzia. Aveces pierdo el control y digo cosas que no debí haber dicho. Aveces pierdo el control y no digo las cosas que debí decir. Yo se que tengo el potencial para hacer las cosas, simplemente no me da la gana de hacerla. Tengo miedo de estar solo. Extraño los tiempo de la AEU. Aveces quiero que mi madre me abrace. Me gusta hablar con mis amigos, de ellos aprendo y con ellos relleno los pedazos vacíos. Prefiero a Calamaro sobre Bunbury y Cerati, pero no lo prefiero sobre Charly y Spinetta. Si no hablo con Orlando por un día, lo empiezo a extrañar. Escuchar a Sui Generis me causa dolor. Pienso que Samuel es un prepotente, pero no conmigo. No quiero sentir ningún tipo de dolor en mí. Quiero ser feliz y reír por las mañanas. Quiero tener aire acondicionado en mi cuarto. Quiero tener un trabajo. Quiero tener un carro. Quiero que Fender nunca se muera. Quiero cambiar de espacio. Quiero que Paola me entienda. Quiero que Carmen me perdone. Quiero que salga la segunda edición de Agentes Catalíticos. Quiero madurar...
Todos los días le apestaban a Juanluís Ramos. Algunos le apestaban a miseria, otros a impotencia, algunos brotaban una leve fragancia insoportable de felicidad, y otros, los más, apestaban a tristeza. Sin embargo, la peste de ese día era más fuerte y más desconsoladora que las demás pestes que ya había experimentado. Apestaba a mierda. Apestaba a la mierda más mierdosa y más asquerosa que nariz alguna jamás hubiera olido.
La peste era desesperante, era asquerosa, era vulgar, era insoportable y era suya. Muy suya. Las pestes de Juanluís eran pestes de él. Solo él las experimentaba. En más de una ocasión preguntó a sus amigos que a que les olía el día:
a flores, a limón, a viento en la cara a bebe llorando huele como si yo ya no estuviera aquí
y al escuchar esto, las pestes de Juanluís se intencificaban.
Eran sus pestes y tenía que bregar con ellas. Pero aveces las pestes eran tan fuertes que no podía ni moverse. No quiero decir que las pestes fueran más que él, porque nunca lo fueron, almenos nunca lo fueron hasta la mierda, si no, lo que quiero decir es que aveces le era muy dificil el taparse la nariz. Y cuando lo lograba, la peste le entraba por los ojos, por las orejas o por la boca. Era imposible escapar de la peste, mas no lo era luchar contra ella. Juanluís muy bien podía dormirse, podía drogarse o simplemente, aunque se le hacía bien dificil, no pensar en ella.
Pero claro, llegó la mierda y ahí si que no podía dejar de pensarla. Comenzó a caminar más lento de lo que ya caminaba, se volvió aún más callado de lo que ya era, su barba creció más rápido de lo que ya crecía y las moscas comenzaron a perseguirlo.
Como todas las cosas, con el tiempo uno se olvida de que están ahí, y así le pasó a Juanluís y a su mierda. La peste se hizo tan de él que se le tapó la nariz.
Mi novia ya no es la misma. Definitivamente no lo es. Ahora es otra persona. Su voz es distinta, su aliento es distinto y hasta la forma en la que me hace algunas caricias es distinta. Ella es otra y todo es por mi culpa. Cuando me gradué de la yupi dejaron de darme la beca y también dejaron de darme condones. Yo los buscaba en una oficina que se llama Planificación Familiar y donde nadie va a planificar familias, más bien van a evitarlas. Mi novia siempre hacía el chiste de que deberían cambiarle el nombre a la oficina y ponerle el de Aniquilación Familiar; al principio yo me reía mucho con eso, pero ya ni cosquillitas me hace. Yo pertenecía al programa Planificación Familiar de la yupi y para estar en él, tuve que coger una charla donde me enseñaban a ponerle un condón a un guineo, luego de eso y de intentar convencerme de que la abstinencia es el mejor método de protección, me daban condones a mí y a los nenes y a las nenas pastillitas. Yo buscaba condones cada dos semanas, y yo y mi novia éramos muy felices. Pero me gradué y dejaron de dármelos. La beca también me la quitaron. Yo estaba bien triste y frustrado. Me quitaron los chavos y los condones así de sopetón. Mi novia se molestó mucho conmigo, pues yo tampoco conseguía trabajo y no tenía chavos para comprar los condones.
Ella seguía estudiando en la yupi, así que le dije que fuera a buscar pastillitas. Pero para ese entonces, mi novia era una nena vegetariana y no se metía ningún tipo de pastillas. Como quiera la obligué a ir a Planificación Familiar y después de ponerle el condón al guineo le hablaron sobre otras alternativas a las pastillitas. Escogió la T de cobre, pues su madre se llamaba Teresa y su padre Tomás. Nunca entendí exactamente lo que hacía la T de cobre, pero podíamos hacerlo sin condón y sin riesgo de la planificación. Y qué bueno era hacerlo sin el condón.
Cuando mi novia me explicó como le habían metido esa T y me enseño un mapa interno de la mujer, sufrí de escalofríos. No la quería tocar. Me daba asco. Me daba miedo quedarme encajao con una de las puntas de la T. Pero un día llamé a un programa de televisión donde una sexóloga contestaba preguntas y le pregunté sobre el asunto. Las nauseas y la sensación de quedar encajao con la T se esfumaron. Aunque te lo juro, a veces puedo percibir un olor a cobre que me da nauseas.
Pasaron los meses y mi novia ya no era la misma. No sé porque, pero siempre le apestaba la boca. Sus ojos abandonaron la órbita de costumbre y comenzó a caminar media coja. Al principio yo lo ignoraba, el sexo era buenísimo y yo la amaba. Pero las cosas se salieron de control. Dejó sus hábitos vegetarianos y dejó de afeitarse los sobacos y las piernas. Eso no molestaba, al menos no tanto como el apetito insaciable que tenía de sexo. Un apetito y unas ganas como si fueran el fin del mundo. El mejor sexo del mundo, pero ningún hombre podría con tanto trote. Además el olor a cobre se hacía insoportable. Nada de eso me detuvo en seguir teniendo relaciones con ella. Yo cada vez me esforzaba más y más en complacerla. Pero era inútil. Comencé a orientarme sobre el asunto. Practiqué el yoga, el tantra, juguetes y uno que otro ejercicio oriental y ninguno parecía satisfacerla.
Llamé a mi madre y le pregunté que si a ella le había sucedido algo así y me contestó que no, pero que mi tía era ginecóloga y quizás tuviera información al respecto. La llamé y le pregunté que qué debía hacer. Lo primero que me dijo fue que averiguara de qué marca era la T que mi novia se había puesto. Y como mi novia había perdido todo sentido de coherencia humana, tuve que acudir al Centro de Planificación Familiar de la yupi para que me dieran la información. No me quisieron atender porque ya yo no era estudiante. Le expliqué la situación y tampoco; la información era confidencial. Así que no me quedaba más remedio que robarme el record que el Centro de Planificación Familiar de la yupi guardaba sobre mi novia; allí de seguro encontraría la marca de la T de cobre que utilizaban. Esperé a que el centro cerrara e intenté entrar por una ventana, más no pude hacerlo, soy demasiado gordo para ese tipo de cosas. Llamé a mi amigo Orlando y como él es bien flaco, entró sin problemas, buscó el record y me lo entregó.
Llamé a mi tía. No tenía ninguna marca. Me lo supuse, dijo ella. Son esas nuevas T de cobre bioequivalentes que se usan ahora. Estás bien jodío, Juanluís, tienes que sacarte a esa mujer de encima y lo tienes que hacer AHORA. Y colgó el teléfono sin darme ningún tipo de explicación.
Yo nunca había escuchado a mi tía hablarme así. Supuse que se trataba de algo serio y me preocupé mucho. Comencé a pensar lo peor. Además yo nunca había confiado en las medicinas bioequivalentes. Yo prefiero pagar 7 pesos por la caja de pastillas de marca a pagar 2 por el bioequivalente. Así que cuando mi tía me dijo que la T era bioequivalente, pensé en lo peor. Mi novia estaba poseída por el cobre, el cual era manipulado por fuerzas externas a este mundo o simplemente era un zombi, pero un zombi sediento de sexo. A veces pienso en la posibilidad de que mi novia esté infectada por un virus, pero el virus que pienso solo existe en video juegos. Se llama el T-Virus. La T se repite, pero esa opción la descarto, pues como dije, es imposible que eso exista.
No puedo dejar a mi novia. No puedo intentar quitarle la T que lleva adentro. Aún sigo con la duda de que la hizo perder completamente la razón y las cualidades humanas. Pero te soy sincero, si no fuera porque el sexo con ella es tan bueno, hubiera intentado deshacerme de ella.