miércoles 30 de septiembre de 2009

De des-planificaciones, látex, cobre y la duda.


Mi novia ya no es la misma. Definitivamente no lo es. Ahora es otra persona. Su voz es distinta, su aliento es distinto y hasta la forma en la que me hace algunas caricias es distinta. Ella es otra y todo es por mi culpa. Cuando me gradué de la yupi dejaron de darme la beca y también dejaron de darme condones. Yo los buscaba en una oficina que se llama Planificación Familiar y donde nadie va a planificar familias, más bien van a evitarlas. Mi novia siempre hacía el chiste de que deberían cambiarle el nombre a la oficina y ponerle el de Aniquilación Familiar; al principio yo me reía mucho con eso, pero ya ni cosquillitas me hace. Yo pertenecía al programa Planificación Familiar de la yupi y para estar en él, tuve que coger una charla donde me enseñaban a ponerle un condón a un guineo, luego de eso y de intentar convencerme de que la abstinencia es el mejor método de protección, me daban condones a mí y a los nenes y a las nenas pastillitas. Yo buscaba condones cada dos semanas, y yo y mi novia éramos muy felices. Pero me gradué y dejaron de dármelos. La beca también me la quitaron. Yo estaba bien triste y frustrado. Me quitaron los chavos y los condones así de sopetón. Mi novia se molestó mucho conmigo, pues yo tampoco conseguía trabajo y no tenía chavos para comprar los condones.

Ella seguía estudiando en la yupi, así que le dije que fuera a buscar pastillitas. Pero para ese entonces, mi novia era una nena vegetariana y no se metía ningún tipo de pastillas. Como quiera la obligué a ir a Planificación Familiar y después de ponerle el condón al guineo le hablaron sobre otras alternativas a las pastillitas. Escogió la T de cobre, pues su madre se llamaba Teresa y su padre Tomás. Nunca entendí exactamente lo que hacía la T de cobre, pero podíamos hacerlo sin condón y sin riesgo de la planificación. Y qué bueno era hacerlo sin el condón.

Cuando mi novia me explicó como le habían metido esa T y me enseño un mapa interno de la mujer, sufrí de escalofríos. No la quería tocar. Me daba asco. Me daba miedo quedarme encajao con una de las puntas de la T. Pero un día llamé a un programa de televisión donde una sexóloga contestaba preguntas y le pregunté sobre el asunto. Las nauseas y la sensación de quedar encajao con la T se esfumaron. Aunque te lo juro, a veces puedo percibir un olor a cobre que me da nauseas.

Pasaron los meses y mi novia ya no era la misma. No sé porque, pero siempre le apestaba la boca. Sus ojos abandonaron la órbita de costumbre y comenzó a caminar media coja. Al principio yo lo ignoraba, el sexo era buenísimo y yo la amaba. Pero las cosas se salieron de control. Dejó sus hábitos vegetarianos y dejó de afeitarse los sobacos y las piernas. Eso no molestaba, al menos no tanto como el apetito insaciable que tenía de sexo. Un apetito y unas ganas como si fueran el fin del mundo. El mejor sexo del mundo, pero ningún hombre podría con tanto trote. Además el olor a cobre se hacía insoportable. Nada de eso me detuvo en seguir teniendo relaciones con ella. Yo cada vez me esforzaba más y más en complacerla. Pero era inútil. Comencé a orientarme sobre el asunto. Practiqué el yoga, el tantra, juguetes y uno que otro ejercicio oriental y ninguno parecía satisfacerla.

Llamé a mi madre y le pregunté que si a ella le había sucedido algo así y me contestó que no, pero que mi tía era ginecóloga y quizás tuviera información al respecto. La llamé y le pregunté que qué debía hacer. Lo primero que me dijo fue que averiguara de qué marca era la T que mi novia se había puesto. Y como mi novia había perdido todo sentido de coherencia humana, tuve que acudir al Centro de Planificación Familiar de la yupi para que me dieran la información. No me quisieron atender porque ya yo no era estudiante. Le expliqué la situación y tampoco; la información era confidencial. Así que no me quedaba más remedio que robarme el record que el Centro de Planificación Familiar de la yupi guardaba sobre mi novia; allí de seguro encontraría la marca de la T de cobre que utilizaban. Esperé a que el centro cerrara e intenté entrar por una ventana, más no pude hacerlo, soy demasiado gordo para ese tipo de cosas. Llamé a mi amigo Orlando y como él es bien flaco, entró sin problemas, buscó el record y me lo entregó.

Llamé a mi tía. No tenía ninguna marca. Me lo supuse, dijo ella. Son esas nuevas T de cobre bioequivalentes que se usan ahora. Estás bien jodío, Juanluís, tienes que sacarte a esa mujer de encima y lo tienes que hacer AHORA. Y colgó el teléfono sin darme ningún tipo de explicación.

Yo nunca había escuchado a mi tía hablarme así. Supuse que se trataba de algo serio y me preocupé mucho. Comencé a pensar lo peor. Además yo nunca había confiado en las medicinas bioequivalentes. Yo prefiero pagar 7 pesos por la caja de pastillas de marca a pagar 2 por el bioequivalente. Así que cuando mi tía me dijo que la T era bioequivalente, pensé en lo peor. Mi novia estaba poseída por el cobre, el cual era manipulado por fuerzas externas a este mundo o simplemente era un zombi, pero un zombi sediento de sexo. A veces pienso en la posibilidad de que mi novia esté infectada por un virus, pero el virus que pienso solo existe en video juegos. Se llama el T-Virus. La T se repite, pero esa opción la descarto, pues como dije, es imposible que eso exista.

No puedo dejar a mi novia. No puedo intentar quitarle la T que lleva adentro. Aún sigo con la duda de que la hizo perder completamente la razón y las cualidades humanas. Pero te soy sincero, si no fuera porque el sexo con ella es tan bueno, hubiera intentado deshacerme de ella.