Hace 22 horas
miércoles, 10 de marzo de 2010
Cuando la película terminó, no me quedó más remedio que echarme a llorar en una esquina. Me tranquilizé un poco, tomé un vaso de agua fría y fumé el último cigarrillo que quedaba en la cajetilla. Salí al balcón, jugué con el perro, miré los árboles de atrás de la casa y entonces fue cuando me sentí listo. Volví a la cama, me acosté en la misma posición y la puse otra vez. Pero al terminar lloré con mucha más intensidad que la primera vez. Me metí a la ducha y seguí llorando, me tomé un té de naranjo y seguí llorando, intenté tomar una siesta pero seguí llorando. Lloré hasta que se me secaron las lágrimas, hasta que estuve seguro que no lloraría más. Entonces, puse la película nuevamente. Pero al terminar, lloré de nuevo.
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